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Vasos y cubiertos de escarabajo: invento ecologista que busca eliminar el plástico

Es cuestión de tiempo que los vasos de usar y tirar, los cubiertos, los envases y el film para conservar los alimentos estén fabricados con escarabajos, concretamente con su caparazón o exoesqueleto. Hablamos de los bioplásticos, un sector que, gracias en parte a las restrictivas regulaciones medioambientales de la Unión Europea, se expande también por España de la mano de empresas como la biotecnológica Tebrio, que está construyendo en Salamanca la granja de insectos más grande del mundo.

Todo empieza con los gusanos de la harina (Tenebrio molitor), que es el escarabajo en su fase larvaria. Este animalillo saltó a la fama cuando a principios de 2021 se convirtió en el primer insecto autorizado como alimentopor la Unión Europea. Su uso se ha ido extendiendo, no tanto como snack para humanos, sino como base proteica utilizada en los piensos para animales y también como fertilizante para los cultivos. Pero ahí no acaba su uso. Cuando el tenebrio se hace adulto, se convierte en escarabajo. Es precisamente su exoesqueletolo que acapara el interés de la industria química, farmacéutica y cosmética.

Del caparazón del escarabajo se extrae la quitina, un biopolímero químicamente similar a la celulosa. Procesando la quitina, se consigue el quitosano, un componente que tiene numerosas aplicaciones industriales: fabricación de plásticos biodegradables (bioplásticos), tratamiento de aguas residuales contaminadas con metales pesados, aplicaciones cosméticas, agrícolas, textiles o de la industria biosanitaria.

 

Los bioplásticos en España

Las aplicaciones de la quitina, muchas de ellas todavía en investigación, han despertado el interés del sector industrial hasta el punto de que muchas granjas de insectos que iniciaron su actividad por el interés alimentario de los gusanos de la harina, han cambiado de rumbo para destinar buena parte de sus recursos hacia la producción de quitina. Es el caso de la gallega Galinsect, tal y como explica uno de sus socios fundadores, Rubén Recamán: “Nosotros comenzamos como una explotación ganadera, pero realmente ahora estamos más enfocados en lo que es el sector biotecnológico”.

Lo mismo sucede con la biotecnológica Tebrio, que en el año 2025 abrirá en Salamanca la mayor granja de insectos del mundo con una producción anual de 100,000 toneladas de gusano de la harina destinados a la alimentación animal y de mascotas, agricultura y también a las aplicaciones bioindustriales.

Sofía Garro, responsable de la división de polímeros de Tebrio, asegura que el campo de los bioplásticos es muy prometedor: “En Tebrio llevamos años trabajando en este campo. En proyectos previos hemos conseguido desarrollar un film a partir de quitosano que es 100% biodegradable y que tiene propiedades antimicrobianas y antifúngicas, lo que resulta muy interesante para el empaquetado de alimentos frescos. En estos momentos nos encontramos además en fases de desarrollo e investigación de otro tipo de envases basados en el mismo principio, con el área de la cosmética como objetivo principal”.

 

¿El fin del plástico?

Según European Bioplastics, la asociación que agrupa a los principales productores europeos de bioplásticos, “la producción mundial de bioplásticos pasará de 2.23 millones de toneladas en 2022 a 6.3 en 2027″. Obviamente se trata de un sector en expansión, pero esas cifras están todavía muy lejos de poder sustituir las 58 millones de toneladas de plástico derivado del petróleo que se producen anualmente sólo en Europa.

En cualquier caso, Sofía Garro considera que es un sector prometedor porque su investigación sólo acaba de empezar: “La ciencia y las nuevas tecnologías han permitido el desarrollo y aprovechamiento de nuevos materiales y hemos logrado darle una segunda vida a lo que hasta ahora considerábamos residuos, y que en realidad no tienen por qué serlo. El área de los bioplásticos es uno de los mejores ejemplos y de los que mayor desarrollo tiene por delante. Cada vez se descubren nuevas formas de obtener plásticos biodegradables y compostables, que no son exactamente lo mismo. Y muchos ya están bien establecidos en el mercado y experimentando un crecimiento fuerte”.

 

Presiones de la UE: el Pacto Verde

Las regulaciones medioambientales cada vez más restrictivas son otra de las causas de la expansión del sector de los bioplásticos. La Agenda 2030 de la ONU, el Pacto Verde de la Unión Europea o el impuesto al plástico implantado desde enero de este año por el Gobierno de Pedro Sánchez son poderosos alicientes para impulsar la producción de materiales plásticos biodegradables. Pero, ¿existe un verdadero interés por parte de las empresas y los consumidores por los envases sostenibles? ¿O estamos ante un sector ‘dopado’ por las presiones políticas?

Para Garro, ambas cosas son ciertas: “El interés por el uso de los recursos de manera sostenible ha ido aumentando considerablemente en los últimos años. Y no son sólo las empresas las que se preocupan por ser más sostenibles; los consumidores también son cada vez más responsables y prefieren productos que contaminen menos. A esto se suma la presión por parte de las administraciones, es cierto, para la incorporación de bioplásticos en la cadena de consumo. Es decir, que el cambio de mentalidad se está produciendo a distintos niveles y de manera paralela.”

Fuente: Libre Mercado

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