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Arroz dorado: modificación genética para una nutrición potenciada

Los alimentos transgénicos siguen envueltos en una polémica que en muchos casos es más política y ética, que científica. En Filipinas se ha aprobado para el consumo el arroz dorado, un arroz transgénico que contiene vitamina A, capaz de prevenir enfermedades graves en los niños de los países pobres.

Más allá de su seguridad, organizaciones como Greenpeace acusan a los alimentos transgénicos de limitar la diversidad natural de las plantas, y de convertirse en un instrumento de poder en manos de las grandes corporaciones alimenticias. Pero este no parece ser el caso del arroz dorado.

En muchos países las personas más pobres solo pueden alimentarse de arroz. Pero este alimento tiene poca vitamina A, así que los niños crecen con carencias de esta vitamina, lo que produce debilidad en el sistema inmunitario, ceguera, y otras enfermedades. Se estima que cada año mueren más de medio millón de niños en el mundo por deficiencias de vitamina A. En Filipinas, el 20% de los niños menores de 5 años sufren este déficit.

El arroz dorado es un arroz transgénico creado por biólogos del Instituto Federal Suizo de Tecnología y de la Universidad de Friburgo. Ha sido modificado genéticamente para desarrollar beta-carotenos (un precursor de la vitamina A), en la parte comestible del arroz. En su versión natural el arroz solo tiene beta-carotenos en las hojas, que no son comestibles. Una segunda versión de arroz dorado ya desarrollada contiene 23 veces más beta-carotenos que el arroz natural, en el grano.

Tras completar una serie de estudios de riesgo, el arroz dorado fue aprobado para el consumo en Filipinas. Este arroz podría eliminar las deficiencias en vitamina A de ese 20% de niños menores de 5 años con carencias, salvando miles de vidas.

Pero no todo el mundo está de acuerdo con la decisión. Greenpeace se opone a su desarrollo porque asegura que abre las puertas al control de los alimentos por parte de las grandes corporaciones a través de las patentes, como ocurre con los medicamentos. Otros expertos argumentan que los transgénicos conllevan una pérdida de la diversidad de los cultivos, y que el problema de fondo no es usar transgénicos para superar las deficiencias, sino que los gobiernos no fomentan ni dedican dinero para que los niños tomen una alimentación variada.

En el caso del arroz dorado, fue desarrollado con fondos públicos en una universidad, y la patente se ofrece de forma libre para que cualquiera que no vaya a obtener un beneficio económico pueda usarla gratis, con la idea de que se emplee con fines humanitarios. Cualquier agricultor puede plantarlo libremente siempre que no obtenga una ganancia de más de 10 000 dólares con su venta. A partir de esa cantidad se considera una plantación comercial, y hay que pagar la patente.

Sin duda, los alimentos transgénicos van a provocar tensos debates en los próximos años.

Fuente: Computer Hoy

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