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Alternativa al aceite de palma: un hongo proveniente de los desperdicios alimentarios

El aceite de palma se usa en todo, desde margarina y helado hasta cosméticos y ciertas telas.

La agrupación de los Fungi, del reino que incluye hongos, mohos y levaduras, ha sido pregonada por sus propiedades beneficiosas. Los hongos han sido utilizados para absorber derrames de petróleo, aumentar el sistema inmunológico o reducir el colesterol, entre otras hazañas ambientales y médicas. Ahora, los investigadores encontraron un uso más para los hongos, como una posible alternativa al aceite de palma.

La industria del aceite de palma tiene una historia de asociación con la deforestación y los abusos contra los derechos humanos. Pero el aceite de palma es también uno de los productos más versátiles en el mercado, que se encuentra en todo, desde margarina y helado hasta cosméticos y ciertas telas. Un estudio realizado por Eden Tree, un grupo de inversión ecológica, descubrió que el aceite de palma se encuentra en más del 50 por ciento de los productos alimenticios y no alimenticios en las principales tiendas de comestibles.

Entonces, ¿pueden los hongos ofrecer un aceite alternativo para estos productos?

“Técnicamente, sí”, dijo Melanie Valencia, una química ambiental de Ecuador y una de las mentes detrás de CarboCycle, un start up de biotecnología que desarrolló la tecnología para extraer lípidos de hongos que son similares al aceite de palma.

“Realmente se trata de cómo alimento (a los hongos)”, dijo, y explicó que los microorganismos crecen en desechos orgánicos.

Los números de la Agencia de Protección Ambiental muestran que los desechos orgánicos constituyen más de la mitad de los desechos sólidos producidos en los Estados Unidos y liberan emisiones dañinas de metano y dióxido de carbono a medida que se asientan y se descomponen. Reciclar los desechos alivia este problema. También es fácil de manipular: uno cambia las propiedades de los residuos y puede cambiar el tipo de aceite que produce.

CarboCycle es un proyecto nacido del laboratorio de ingeniería ambiental en la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York, a través de una investigación conducida por Valencia, Kartik Chandran y Shashway Vajpeyi. Aunque todavía no ha salido del laboratorio, CarboCycle ha sido galardonado con el Colombia Venture Challenge, mientras la revista ‘MIT Technology Review’ nombró a Valencia una de las mejores innovadoras menores de 35 años en el 2016 por su papel en el proyecto.

Su objetivo inicial no era desarrollar una alternativa para el aceite de palma, sino más bien abordar los problemas del cambio climático. Es por eso que terminaron con una tecnología que aborda tanto la deforestación como el desbordamiento de vertederos, con el objetivo de “cerrar el circuito de carbono”, como indica su lema organizacional.

Según Valencia, el mayor problema ecológico de la palma de aceite es la enorme cantidad de espacio que utiliza. La tierra total dedicada a la agricultura de la palma se disparó entre 1990 y 2012, de 6 a 17 millones de hectáreas en todo el mundo, según un artículo reciente en la revista ‘Global Environmental Change’.

En muchos casos, el cultivo industrial de palmeras de aceite ha llevado a la deforestación y la degradación del hábitat de la selva tropical. Esto ha sido particularmente grave en Indonesia, donde millones de hectáreas de bosques tropicales, incluido el bosque de turba, que almacena más carbono por hectárea que cualquier otro ecosistema en el mundo, se han convertido en plantaciones de palma aceitera.

“Resta la capacidad de captura de carbono de una tonelada de tierra”, dijo Valencia. En este sentido, “la palma es una amenaza mayor para nuestro ecosistema que el petróleo”, especialmente dado que las proyecciones futuras muestran que la demanda del producto probablemente aumentará, agregó.

Según el Banco Mundial, se espera que la demanda de palma se duplique para el 2050, ya que las economías emergentes consumen cada vez más alimentos procesados, en los que el aceite de palma es un ingrediente principal.

La producción de aceite a partir de hongos ocupa mucho menos espacio, dice Valencia, ya que todo el trabajo se realiza en el laboratorio. Su producción tiene varias etapas, desde la fermentación de los desechos orgánicos en los que crecen los hongos, hasta la recolección de los microorganismos finales (hongos) y la extracción de lípidos (el aceite) de sus células.

Otro beneficio de este proceso es su mínimo tiempo de retención. Toda la operación de principio a fin lleva sólo de dos a cuatro días, lo que significa que, en las condiciones adecuadas, CarboCycle podría producir a tasas muy altas. Valencia dijo que almacenar las reservas es su única preocupación sobre el espacio.

En las etapas iniciales de su investigación, Valencia y sus colegas hablaron con compañías que usan aceite de palma en sus productos, incluidas las principales marcas como Dannon y Johnson & Johnson, muchas de las cuales dijeron que quieren sacar el aceite de palma de su cadena de producción debido a las relaciones públicas negativas que la industria acumuló a lo largo de los años. Esta es una razón por la cual Valencia es optimista sobre el futuro de CarboCycle. Ella y sus colegas están solicitando subvenciones, mientras buscan financiación y empresas con las que asociarse para hacer que CarboCycle despegue y sacarlo del laboratorio.

Sin embargo, a pesar de que son optimistas, Valencia dijo que producir a gran escala es otra cosa, y es uno de los mayores desafíos para las empresas que intentan abordar los problemas ambientales.

Esta no es la primera vez que los científicos afirman haber encontrado una alternativa al aceite de palma. Los investigadores también han analizado algas y levaduras, pero no han podido producir a escalas lo suficientemente grandes como para competir con el aceite de palma.

Ashwin Ravikumar, científico ambiental y profesor asistente de estudios ambientales en Amherst College, dijo que el costo es otra barrera importante que enfrentarán las alternativas a la palma de aceite producidas en laboratorio. La palma de aceite es demasiado barata para competir, dijo, principalmente porque la tierra es muy barata, particularmente en el Amazonía donde hay una gran falta de protección forestal.

Sin embargo, él dice que esta realidad no debería ser aceptada como un status quo fijo. “Decir que la palma de aceite es barata, como si fuera un hecho, es despolitizar de manera peligrosa toda la naturaleza del sector”, comenta.

Según Ravikumar, los gobiernos podrían desempeñar un papel importante al aumentar el área de bosques protegidos y cancelar los proyectos de desarrollo en ciertas partes de la Amazonía, lo que naturalmente aumentaría el precio de la tierra. Pero, dijo, muchos de ellos no lo harán.

La Amazonía en particular ha sido una gran preocupación para los ambientalistas. Actualmente, alrededor del 85 por ciento del suministro mundial de aceite de palma se produce sólo en Malasia e Indonesia. Pero a medida que aumenta la demanda y la tierra de las plantaciones se vuelve menos disponible en estas áreas, los productores buscan cada vez más en otros lugares para expandir el cultivo. La Amazonía y otras áreas tropicales alrededor del ecuador son hot spots para futuras plantaciones, ya que las palmas aceiteras necesitan temperaturas entre 25 y 28 grados centígrados, lluvias regulares y luz solar fuerte para prosperar.

Según Ravikumar, esta expansión podría llevar a la deforestación de grandes franjas de bosque lluvioso y destruir la biodiversidad local, la diversidad cultural y las reservas de carbono en el proceso. La investigación publicada en un estudio de 2006 en la revista ‘Nature’ estima que la selva amazónica almacena entre 90 y 140 mil millones de toneladas métricas de carbono, que, de ser liberadas, podrían afectar significativamente el cambio climático.

Pero según especialistas de la industria, las plantaciones de palma aceitera no tienen los mismos impactos ambientales que una vez tuvieron. Mauricio Viteri es gerente de Oleana, una organización que representa a varios actores en el sector de aceite de palma en Ecuador. Él dice que las presiones externas han causado que la industria realice cambios importantes en todos los aspectos de su proceso de producción. Esto incluye el establecimiento de la Mesa Redonda sobre el Aceite de Palma Sostenible (RSPO), el organismo de certificación de aceite de palma más grande del mundo, para garantizar que los productores sigan las normas de protección ambiental y no contribuyan a una mayor deforestación.

“Inicialmente, sí, en lugares como Malasia e Indonesia había preocupación sobre el impacto ambiental (de la palma de aceite). Pero no en las Américas”, dijo Viteri.

Los ecologistas son escépticos de que esta acreditación sea suficiente. La propia Valencia comenta que la certificación es mejor que nada, pero que la comunidad global podría estar haciendo más.

“Creo que hemos abusado de la palabra sostenible”, reflexionó, “tenemos la capacidad de regenerar, entonces ¿por qué no buscar eso?”.

Fuente: Mongabay (vía Lado B)

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